jueves, 30 de mayo de 2013

'Perdida' de Gillian Flynn: nada es lo que parece

La publicación de 'Perdida' en nuestro país ha venido envuelta en un tremendo hype: muchos críticos han puesto la novela por las nubes, la hemos visto anunciada hasta en el costado de los autobuses urbanos y el eslogan que la acompaña no puede ser más directo: "No has leído nada igual". Sobra decir que esta, como toda sentencia publicitaria que se precie, resulta exagerada. Al fin y al cabo, la fortaleza de su protagonista femenina y el oscuro retrato psicológico de los personajes no conseguirán que olvidemos lecturas previas de otras autoras como Patricia Highsmith, Natsuo Kirino o Karin Fossum. Lo mejor, por tanto, es olvidarnos de todo ese hype y sumergirnos en la lectura de 'Perdida' sin ideas preconcebidas ni expectativas desmesuradas. De esa forma podremos disfrutarla y valorarla como lo que es: una novela que no viene a revolucionar el panorama noir, pero cuya calidad sí está por encima de la media.

'Perdida' nos cuenta la historia del matrimonio formado por Nick y Amy, ambos periodistas culturales que perdieron su trabajo a causa del cambio en el actual modelo de negocio periodístico (algo que también le ocurrió a la autora, que se vio de patitas en la calle después de pasar varios años como redactora para Entertainment Weekly). A causa de las nuevas dificultades económicas se ven obligados a mudarse desde Nueva York hasta el pueblecito natal de Nick, situado en Missouri (el estado donde también nació la autora, por cierto). La narración de la historia se la reparten entre Nick y Amy, la segunda a través de las entradas de un diario. Así, somos testigos de las idas y venidas de su matrimonio, hasta que los acontecimientos se desencadenan con la misteriosa desaparición de Amy.

Y hasta aquí puedo leer, ya que la novela cuenta con una trama tan bien planificada y desarrollada, que es mejor adentrarse en ella conociendo los mínimos detalles. De hecho, buena parte de su fuerza descansa en el giro radical que pega la trama a mitad de camino, y no son pocos los artículos y reseñas que he leído que, aunque no te lo destripan por completo, sí dan los indicios suficientes como para que te lo huelas antes de tiempo.

Por suerte, no nos encontramos ante una novela cuyo encanto radique tan solo en un puñado de tretas ingeniosas con las que despistar y sorprender al lector. La intriga creada por Flynn es la culpable de que devoremos con ansia la novela, sobre todo en su primera mitad, pero lo que de verdad nos deja poso es el retrato de las grandezas y miserias, tan humanas todas, de la relación de pareja entre Nick y Amy. La autora destripa el matrimonio y las relaciones amorosas con ojo crítico y un puntito de cinismo, sin buscar que el lector se case con un punto de vista determinado (el de Amy o el de Nick); antes bien, lo que consigue es que reflexionemos en base a nuestras propias experiencias sentimentales y que acabemos por no comulgar con ninguno de los dos, aunque lleguemos a comprenderlos incluso en muchas de sus bajezas.

La lectura de 'Perdida' me ha descubierto a una escritora interesante capaz de construir buenas historias, bucear en sus personajes y regar todo el conjunto con un sentido del humor bastante ácido. Solo por eso me alegro de haberla leído, sin necesidad de que haya roto por completo mis esquemas como nos promete su depredadora estrategia promocional. Mientras quedamos a la espera de su próxima incursión novelística, creo que algún día de estos me asomaré a alguna de sus obras anteriores, todavía inéditas en España, tituladas 'Sharp Objects' y 'Dark Places'. Espero encontrar en ellas la misma chispa que aquí.

martes, 26 de marzo de 2013

'Gataca', de Franck Thilliez: a caballo entre el noir y el thriller científico

'Gataca' es la continuación directa de la anterior novela de Franck Thilliez, titulada 'El síndrome E', con la que inició su particular investigación literaria sobre la violencia. Movido por la curiosidad de indagar en los orígenes y motivaciones de la violencia, en lo que hace que un ser humano normal pueda cometer actos terribles, y cuestiones similares que de una forma u otra suelen pulular por los terrenos del noir, el escritor francés nos ha dejado algunas de las mejores páginas de la novela negra contemporánea.

El atormentado comisario Franck Sharko vuelve a ser el protagonista de esta historia, acompañado una vez más por la también policía Lucie Henebelle, a la que conocimos en 'El síndrome E'. El arranque de la trama de 'Gataca' se debe al asesinato de una joven estudiante de biología evolutiva que estaba llevando a cabo una prometedora investigación sobre la posible existencia de lo que podríamos denominar como el "gen de la violencia". En paralelo, la desaparición de las hijas de Lucie, cuyos cabos sueltos acabarán por cobrar sentido conforme avance el desarrollo de la trama principal.

En esta ocasión, Thilliez ha potenciado algunos de los aspectos que ya dejó entrever en su anterior obra. Sobre todo lo que se refiere a la documentación previa de la novela y a una incursión en el terreno de la ciencia que resulta mucho más evidente en el caso de 'Gataca'. Reflexiones y teorías sobre la evolución, la influencia de ser zurdos o diestros en la sociedad, la antropología y la genética, se asoman a estas páginas dándole un tono al libro que termina por alejarlo del noir convencional para sumergirlo, aunque no de lleno, en el campo del thriller científico.

Ojo, no pensemos por ello que Thilliez se esté convirtiendo en una especie de pastiche de Michael Crichton o algo por el estilo, ya que la esencia policíaca de la saga de Sharko sigue patente. Eso sí, el drama y los conflictos internos de los personajes pasan a menudo a un segundo plano, siendo la investigación, y la luz que esta arroja sobre los orígenes de la violencia, las principales bazas de la narración.

Tal vez por esta razón 'Gataca' me haya gustado menos que 'El síndrome E', lo cual no quita que siga tratándose de una novela excelente. La originalidad de los planteamientos de Thilliez, sumada a su fuerza narrativa y al carisma que conservan tanto Sharko como Lucie, nos aseguran una buena lectura. Espero, no obstante, que el autor equilibre un poco más la alternancia entre ciencia y noir en su siguiente obra, 'Atomka', que ya espera en mi estantería al momento en que pueda pegarle un bocado. Pronto volveremos a hablar por aquí de Sharko...

lunes, 18 de marzo de 2013

'Nadie quiere saber': Petra Delicado se las ve con la mafia italiana

Si tuviera que colocar a Petra Delicado en un podio con los personajes femeninos que más me han llamado la atención en la novela negra española de hoy, la pondría en el segundo puesto. Por debajo de ella estaría la juez Mariana de Marco, con quien Petra comparte muchas similitudes de carácter, si bien están mucho mejor definidas en su caso; y por encima, la inspectora Amaia Salazar a la que hemos descubierto en la magnífica 'El guardián invisible', debido a que las emociones que despierta su historia son mucho más intensas. Y precisamente es una mayor dosis de intensidad lo que he echado en falta en este 'Nadie quiere saber'.

Parto de la base de que se trata de mi primer contacto con Petra Delicado, por lo que no voy a entrar a comparar esta entrega con las ocho novelas anteriores, aunque no resulta indispensable conocer sus antecedentes para meterse en la historia. En este punto de su vida, Petra se ha vuelto a casar y trata de lidiar la reapertura de un caso de asesinato que le endosan al inicio del libro, con la debida atención a Marcos, su nuevo marido, y sus tres hijastros. Si de algo puede presumir la autora, Alicia Giménez Bartlett, es de haber creado un personaje con muchísima personalidad en el que se cruzan las inquietudes y perspectivas vitales de cualquier mujer moderna que ronde la cuarentena. A pesar de su carácter fuerte, Petra termina por hacerse simpática y nos hace partícipes de los dilemas y emociones que le van asaltando a lo largo de estas páginas. Pero frente a este personaje de indudable carisma, se despliega un entorno que no me ha terminado de convencer. Empezando por el subinspector Garzón, que probablemente haga las delicias de muchos lectores, pero cuyo papel en la historia apenas pasa de ser el de contrapunto humorístico a Delicado. Tras tantas entregas de la serie, cabría esperar en él un poco más de profundidad. A ello hay que sumar que la forma de hablar de los personajes, así como el trato "de usted" que mantienen entre ellos en todo momento, me han hecho sentir en ciertos pasajes que el lenguaje y actitud de la obra están un poco desfasados, en discordancia con el evidente carácter moderno de la protagonista.

En lo que respecta al desarrollo del caso y de la investigación, el paso por Roma y la entrada del ispettore Maurizio Abatte hacen ganar puntos a la narración, así como la compleja red de circunstancias que rodean al asesinato del empresario textil Adolfo Siguán. La trama está bien construida y estructurada, prueba irrefutable de que la autora conoce bien el terreno en el que se desenvuelve, pero tiene como puntos negativos un desarrollo algo inflado en ciertos pasajes y un desenlace que te vas oliendo bastante conforme llegas a él. Si eres lector habitual de las andanzas de Petra Delicado, y por tanto ya estás hecho al estilo de su autora, seguramente la obra te guste. Al fin y al cabo, desde un punto de vista objetivo es una novela bien concebida y desarrollada. Si es la primera vez que te topas con el personaje, todo dependerá de tus gustos, pero es posible que te ocurra como a mí y que la lectura no te sorprenda demasiado.

lunes, 4 de marzo de 2013

'Roseanna' de Maj Sjöwall y Per Wahlöö: primera embestida contra el sueño sueco

El combo formado por Maj Sjöwall y Per Wahlöö fue el detonante de la evolución de la novela negra sueca a mediados de los 60. Por aquel entonces, el principal referente para los escritores policíacos del país seguía siendo el de los clásicos detectives británicos, moderados y arquetípicos, en cuyas historias la resolución del misterio y la identidad del asesino representaban su principal aliciente. Sjöwall y Wahlöö se propusieron ir más allá y, sin perder de vista la construcción de una intriga que sirva como motor de la narración, aprovechar el canal que supone la literatura para practicar el sano ejercicio de la crítica social.

Los años 60 fueron una década de prosperidad en Suecia, convirtiendo al país en un referente de eso que ha venido a llamarse estado de bienestar. Y aunque esa prosperidad era incuestionable en muchos aspectos, no es menos cierto que también había mucha suciedad entre bambalinas que tanto gobierno como sociedad se encargaban de barrer convenientemente bajo la alfombra. Esos resquicios oscuros se convirtieron pues en el objetivo de la saga de novelas protagonizadas por el inspector Martin Beck, del mismo modo que hoy día otros autores intentan sacar a relucir las miserias de sus respectivos países, como es el de caso de Henning Mankell y Jo Nesbo, por poner un par de ejemplos.

A la hora de escribir sus libros, Sjöwall y Wahlöö dirigieron su mirada al noir norteamericano en busca de inspiración. De ahí que su personaje, Martin Beck, resulte más humano, melancólico y contradictorio que los detectives a los que estaban acostumbrados en la Suecia de la época. Eso sí, tampoco estamos ante un calco de los detectives de Hammett o Chandler, ya que frente al cinismo o la dureza de aquellos, Beck responde más bien a la típica idiosincrasia sueca.

miércoles, 27 de febrero de 2013

'Frozen River': si la esperanza no llega habrá que buscarla


El entorno gélido y desolado de una pequeña población rural al norte del estado de Nueva York. Ray Eddy, una mujer madura que queda al cuidado de sus dos hijos cuando su marido se da el piro de casa para fundirse los ahorros en alguna sórdida mesa de juego. El vencimiento de una deuda que puede dejar a su familia sin la casa nueva con la que llevan años soñando. Y para redondear este explosivo cóctel vital, el fortuito encuentro con una mujer Mohawk, nativa de una reserva próxima, que se apropia indebidamente del coche de la protagonista.

¿El resultado de todo esto? Un drama intenso, conmovedor y profundamente realista que arranca cuando la falta de oportunidades empuja a Ray a traspasar los límites de la ley. En compañía de Lila, la mujer Mohawk, comienza a transportar ocultos en el maletero de su coche a varios inmigrantes, en su mayoría asiáticos, que tratan de cruzar ilegalmente la frontera del país. Todo para conseguir el puñado de dólares que necesita para conseguir aquella casa en la que ha depositado las esperanzas de un futuro mejor para su familia.

Courtney Hunt, la directora y guionista de esta película, aprovecha esta premisa para analizar hasta dónde puede llegar el amor de una madre y el sentido de la responsabilidad hacia sus hijos. A través de estos personajes, nos muestra cómo la desesperación puede conducir al crimen, un tema bastante habitual en las historias de género negro. Historias que a la postre resultan mucho más crudas que las tramas de policías y asesinos en serie, ya que no solo ponen al espectador ante la sordidez que a veces alcanza la vida real, sino porque nos lleva a pensar que, tal vez, en algún momento de nuestras vidas nos podría tocar encontrarnos ante un dilema como este.

Hunt concibió la historia de esta película durante sus visitas a la familia de su marido, que residía en Malone, un pequeño pueblo como el que nos presenta en el filme. Allí se enteró del contrabando que se realizaba desde una reserva Mohawk próxima, que tenía lugar cuando se congelaba el río Saint Lawrence. Una inestable capa de agua congelada como la que Ray y Lila tienen que cruzar para cumplir con sus encargos.

La estética y ambientación de 'Frozen River' recuerdan en muchos aspectos a las de otro estupendo thriller rural, 'Winter's Bone', con la diferencia de que aquel estaba protagonizado por una adolescente. Las dos son películas muy recomendables que sobrecogen por su crudeza y por la fortaleza interior, a pesar de las dificultades, de sus respectivas protagonistas. Ambas son, además, una prueba de que no es necesario anclarse en los habituales entornos urbanos para crear grandes historias de género.