Dentro del seinen, que así es como se conoce en Japón al manga creado para lectores adultos, podemos encontrar muchas y muy buenas historias de intriga y suspense. Ya uno de los pioneros del cómic japonés, Osamu Tezuka, cuenta en su bibliografía con obras de este género entre las que destacan 'MW' o 'El libro de los insectos humanos', ambas publicadas en España. No obstante, quizá sea Naoki Urasawa el autor que más éxito ha cosechado con sus thrillers entre el público occidental, sobre todo con 'Monster', que ningún buen aficionado al género se debería perder. Sin embargo, hoy vamos a hablar de una obra un poco anterior, que se publicó en Japón entre 1996 y 1998, y que ahora vuelve a estar de actualidad gracias a una nueva adaptación cinematográfica.
'Old Boy' es el título de esta obra creada por el guionista Garon Tsuchiya y el dibujante Nobuaki Minegishi, que fue adaptada al cine en 2003 por el surcoreano Park Chan-wook (con notables cambios en el desarrollo de la trama y el desenlace), y que ahora ha vuelto a ser llevada a la gran pantalla, esta vez bajo la batuta de Spike Lee, con un filme que se estrenará en España el próximo 5 de diciembre. Aprovechando la coyuntura, nos encontramos ahora con una reedición del manga original, que se publicó originalmente en ocho tomos ya descatalogados y que ahora se presenta en tres gruesos volúmenes dentro de la línea DeBolsillo.
'Old Boy' cuenta con un arranque de lo más enigmático: Shinichi Gotō, un joven publicista, es puesto en libertad después de pasarse diez años encerrado en una diminuta habitación. Una década durante la que un televisor ha sido su única compañía y su único contacto con el exterior, a excepción de un guardián que se encargaba de darle la comida. Una vez en la calle, llega el momento de intentar dar respuesta a todas las preguntas surgidas durante su cautiverio, ya que no sabe quién lo encerró ni qué retorcida razón le pudo llevar a hacerlo.
Los autores desarrollan esta premisa durante los 79 capítulos que componen el manga, dosificando muy bien la intriga, las respuestas, y consiguiendo que el lector se sienta tan desconcertado como el propio protagonista. La búsqueda de Gotō se termina convirtiendo ante todo en un viaje a través de su pasado, que a priori no parece ocultar demasiados rincones oscuros, pero del que sin embargo procede el siniestro personaje que le arrebató la libertad durante tanto tiempo. De este modo, a base de giros y sorpresas en los acontecimientos, iremos avanzando en la trama hasta su resolución, logrando en conjunto una intriga inteligente, en la que solo algunos giros finales pueden resultar un poco más forzados.
El peligro de esta clase de historias es la enorme dependencia que tienen con respecto a su desenlace. Por suerte, los autores no centran todo el interés de la obra en su resolución y en las respuestas a los enigmas, ya que las reflexiones que encontramos por el camino sobre la naturaleza humana, especialmente en lo que respecta al malo de la historia, dotan de un valor añadido al desarrollo. Ello no impidió que el desenlace provocara cierta polémica entre aquellos lectores a los que la resolución final no les pareció lo suficientemente convincente. Para no reventar ninguna sorpresa, no entraré a analizar con detalle ese final, aunque sí debo decir que para asimilarlo hay que hilar fino, repasar el retrato psicológico de los personajes que se nos ha ido ofreciendo a lo largo de la trama y, por qué no decirlo, perdonar también algunas pequeñas inconsistencias que no estropean el conjunto, pero que quizá podrían haberse resuelto mejor.
Sea como sea, 'Old Boy' es un thriller de calidad cuya lectura recomiendo tanto si se es un habitual lector de manga como si no. Además de su trama, cuenta con un dibujo muy cuidado y rico en detalles, con un sentido de la narratividad que juega mucho con los silencios y los encuadres vistosos en las viñetas, dándole un aire de cine noir moderno que le hace irresistible.
Blog dedicado a la reseña de obras de género negro (novelas, cómics, películas), tanto clásicas como contemporáneas.
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martes, 26 de noviembre de 2013
miércoles, 31 de julio de 2013
'El asesino hipocondríaco': un singular giro a las historias de asesinos profesionales
Descubrí la narrativa de Juan Jacinto Muñoz Rengel a través de la recopilación de relatos 'De mecánica y alquimia' (Salto de Página, 2009), la cual me sorprendió por su apabullante imaginación, la originalidad y variedad de sus ambientaciones, así como por la calidad de su prosa. De ahí que al descubrir la incursión de este autor en el género negro con 'El asesino hipocondríaco', no pudiera resistirme a leerlo.
El título ya nos pone sobre la pista de lo que nos vamos a encontrar: un asesino profesional que cree padecer todas las dolencias imaginables y que debe darse prisa por asesinar a su próximo objetivo, Eduardo Blastein, pues está convencido de que cada nuevo día que amanece será el último que le queda de vida. Comienza entonces una serie de peripecias al estilo del Coyote y el Correcaminos, donde nuestro protagonista pone en marcha toda clase de planes estrambóticos para acabar con la vida de Blastein, procurando siempre servirse de algún atenuante judicial para el caso de que fuera capturado y enjuiciado por el asesinato.
Esto desemboca en una serie de divertidos desencuentros en los que algo siempre sale mal en sus cuidadosos planes. Eso sí, aunque toda la trama está envuelta por un halo de humor inteligente, no hay que pensar por ello que se trata de una novela humorística al uso. Los toques de humor no son más que la guinda en una historia donde lo importante es el retrato psicológico de un personaje hilarante y llevado al extremo, que nos confirma el carácter voluble de la realidad y cómo cada cual podemos transformarla a nuestro antojo.
Ese retrato psicológico, así como la trama del asesinato de Blastein, vienen salpicadas por historias de célebres escritores y filósofos que guardan varios puntos en común con el protagonista; y uno de ellos es, precisamente, el de sus misteriosas y persistentes dolencias. Así, conoceremos las manías de Kant y de Proust, los calambres y espamos que asolaron a Byron, o los vértigos y mareos que atormentaron a Swift durante la redacción de 'Los viajes de Gulliver'. Breves pasajes que enriquecen el conjunto, sin llegar a entorpecer la principal línea argumental, y que también son presa de ese fino sentido del humor demostrado por el autor en el resto de la obra.
Todo esto convierte a 'El asesino hipocondríaco' en una novela negra a la que resulta difícil encontrar comparación, con una originalidad y erudición que no se encuentran fácilmente en el género. El punto negativo es que, ya avanzados en la novela, la historia comienza a dar vueltas sobre sí misma y llega un punto en que se echa en falta algún golpe de efecto, algo que rompa ese desarrollo que puede terminar por hacerse repetitivo. Cierto es que ese "eterno retorno" es algo intencionado (el propio narrador lo comenta en un punto de la historia: "Acabo de tomar conciencia de que mis esfuerzos por matar a Blastein parecen no llevar a ninguna parte, como si estuviera condenado a subir una roca a la cima de una montaña y siempre que estuviese a punto de lograrlo la piedra volviese a rodar hacia abajo hasta lo profundo del valle"), y el hecho de que la historia entre en un bucle continuo cobra lógica en el conjunto global de la obra, pero hay momentos donde la frustración del asesino puede llegar a alcanzar al lector, reduciendo un poco el interés por el devenir de la trama. A pesar de todo, en conjunto es una novela tan singular y divertida, que no puedo dejar de recomendarla a aquellos que busquen un soplo de aire fresco entre tanta lectura criminal.
El título ya nos pone sobre la pista de lo que nos vamos a encontrar: un asesino profesional que cree padecer todas las dolencias imaginables y que debe darse prisa por asesinar a su próximo objetivo, Eduardo Blastein, pues está convencido de que cada nuevo día que amanece será el último que le queda de vida. Comienza entonces una serie de peripecias al estilo del Coyote y el Correcaminos, donde nuestro protagonista pone en marcha toda clase de planes estrambóticos para acabar con la vida de Blastein, procurando siempre servirse de algún atenuante judicial para el caso de que fuera capturado y enjuiciado por el asesinato.
Esto desemboca en una serie de divertidos desencuentros en los que algo siempre sale mal en sus cuidadosos planes. Eso sí, aunque toda la trama está envuelta por un halo de humor inteligente, no hay que pensar por ello que se trata de una novela humorística al uso. Los toques de humor no son más que la guinda en una historia donde lo importante es el retrato psicológico de un personaje hilarante y llevado al extremo, que nos confirma el carácter voluble de la realidad y cómo cada cual podemos transformarla a nuestro antojo.
Ese retrato psicológico, así como la trama del asesinato de Blastein, vienen salpicadas por historias de célebres escritores y filósofos que guardan varios puntos en común con el protagonista; y uno de ellos es, precisamente, el de sus misteriosas y persistentes dolencias. Así, conoceremos las manías de Kant y de Proust, los calambres y espamos que asolaron a Byron, o los vértigos y mareos que atormentaron a Swift durante la redacción de 'Los viajes de Gulliver'. Breves pasajes que enriquecen el conjunto, sin llegar a entorpecer la principal línea argumental, y que también son presa de ese fino sentido del humor demostrado por el autor en el resto de la obra.
Todo esto convierte a 'El asesino hipocondríaco' en una novela negra a la que resulta difícil encontrar comparación, con una originalidad y erudición que no se encuentran fácilmente en el género. El punto negativo es que, ya avanzados en la novela, la historia comienza a dar vueltas sobre sí misma y llega un punto en que se echa en falta algún golpe de efecto, algo que rompa ese desarrollo que puede terminar por hacerse repetitivo. Cierto es que ese "eterno retorno" es algo intencionado (el propio narrador lo comenta en un punto de la historia: "Acabo de tomar conciencia de que mis esfuerzos por matar a Blastein parecen no llevar a ninguna parte, como si estuviera condenado a subir una roca a la cima de una montaña y siempre que estuviese a punto de lograrlo la piedra volviese a rodar hacia abajo hasta lo profundo del valle"), y el hecho de que la historia entre en un bucle continuo cobra lógica en el conjunto global de la obra, pero hay momentos donde la frustración del asesino puede llegar a alcanzar al lector, reduciendo un poco el interés por el devenir de la trama. A pesar de todo, en conjunto es una novela tan singular y divertida, que no puedo dejar de recomendarla a aquellos que busquen un soplo de aire fresco entre tanta lectura criminal.
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