Mostrando entradas con la etiqueta Relatos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Relatos. Mostrar todas las entradas

jueves, 26 de enero de 2012

'Crímenes' de Ferdinand Von Schirach: podría pasarle a usted

Esta recopilación de relatos lleva tiempo en el candelero y no son pocos quienes han corrido la voz para recomendarla desde que Salamandra publicó el libro en nuestro país. 'Crímenes' es obra del abogado alemán Ferdinand Von Schirach, que un buen día decidió trasladar algunos de los casos que más le han marcado durante su carrera a la literatura, en forma de relatos breves.

De esta manera, nos cuenta el crimen cometido por un hombre tras sufrir durante años un matrimonio de pesadilla en "Fähner"; nos habla de cómo unos jóvenes se meten en el lío de su vida en "El cuenco de té de Tanata"; nos presenta a un individuo enigmático y brutal en "Legítima defensa"... y así hasta alcanzar el total de 11 narraciones que componen el libro.

Movido tal vez por deformación profesional, el estilo narrativo de Von Schirach es sobrio, directo y sin florituras. Describe los hechos de forma ordenada y detallada, sin aturullar tampoco al lector con excesivos datos, y lo conduce sin artificio alguno hasta su resolución. Y no le hace falta más, porque los casos son tan llamativos y sugerentes que se bastan ellos mismos para sustentar el peso de cada historia.

viernes, 10 de junio de 2011

Harlem Blues

"You can't kill me, I was born dead" - Big L

Ilustración por Juan Luis Albandea
Relato publicado originalmente en Hip Hop Life

Aspiró una larga calada para templarse el pulso. Llevaba más tiempo del que recordaba sentado en un banco de aquel patio interior, rodeado por los inmensos bloques de ladrillo de la zona oeste de Harlem. Habían pasado casi tres horas desde el ocaso y las gélidas temperaturas de febrero no animaban demasiado a salir a la calle. Por ello, nuestro hombre apenas vio pasar a un par de padres de familia que regresaban al calor del hogar, que probablemente lo tomaran por un vagabundo cualquiera y pasaran sin fijarse, al menos eso esperaba él, en su rostro. El tiempo pasaba despacio y ya había dado cuenta de casi todas sus provisiones de rama. También se había escuchado un par de veces la cinta que llevaba en su maltrecho walkman. La tensión del encargo que lo había llevado hasta allí era lo único que lo mantenía alerta. Eso y los escalofríos que de cuando en cuando lo sacudían, ya que después de pasar varias horas a la intemperie su cazadora de cuero y su gorro de lana empezaban a ser insuficientes para protegerlo del frío. Dio otra calada y aplastó el canuto en el suelo.

Se concentró entonces en su respiración, en el vaho que salía de su boca y que se desintegraba poco después de entrar en contacto con el crudo invierno de Nueva York. La mayoría de las ventanas del vecindario estaban iluminadas, pero no creyó que nadie fuera tan tonto de estar asomado a ellas cuando podían estar viendo la televisión o teniendo una riña familiar. Miró el reloj y comprobó que eran las ocho y cuarto pasadas. Si su informador no se equivocaba, su objetivo estaría a punto de salir de casa. A lo lejos escuchó los retazos de una conversación y algunas risas ahogadas. Debían de provenir de la cancha de baloncesto que había subiendo la calle. Muchos chavales de los alrededores solían frecuentarla para pasar las horas muertas fumando, echando unas canastas o midiendo sus capacidades para la improvisación.