En cada entrega de su serie dedicada al inspector Chen Cao, el escritor Qiu Xiaolong aprovecha para abordar distintos aspectos de la realidad política y social de China, así como de los efectos que su historia reciente han tenido en el país. Por sus páginas planean hechos y acontecimientos como la Revolución Cultural de mediados de los 60, las protestas en la plaza de Tian'anmen, la emigración ilegal de numerosos chinos hacia Occidente o los tejemanejes políticos que se desarrollan en el Gigante Asiático al amparo del Partido Único.
La visión de Xiaolong es crítica, como no podía ser de otro modo (no en vano, él mismo tuvo que exiliarse en EE.UU. para no ser perseguido por disidencia), si bien lo hace de una forma elegante y nada panfletaria, a través de las contradicciones que anidan en el carácter de su personaje. El inspector Chen no comparte el modo de actuar de muchos de sus superiores, siente impotencia al ver cómo muchos de sus casos se quedan sin resolver para que no afecten a las altas esferas por sus posibles implicaciones, pero al mismo tiempo siente orgullo por su país y sus tradiciones, sueña con ver una China mejor, y no duda en defender el sistema frente a aquellas críticas que no considera acertadas.
En 'El caso de las dos ciudades' que hoy nos ocupa, la cuarta entrega de la serie, Chen recibe el encargo de investigar una trama de corrupción propiciada por las recientes reformas económicas que han tenido lugar en el país. Nos encontramos a mediados de los 90, época de apertura en China hacia Occidente, en la que el capitalismo comieza a desplegar algunos de sus tentáculos por el país. Se fomentan los negocios e iniciativas privados, desembarcan productos que hasta entonces habían sido un símbolo inequívoco del enemigo (como la Coca-Cola), las empresas públicas comienzan a decaer, y en medio de todo ese barullo de cambios, hay muchas "ratas rojas" (como las llaman en el libro) deseando sacar tajada.
Blog dedicado a la reseña de obras de género negro (novelas, cómics, películas), tanto clásicas como contemporáneas.
Mostrando entradas con la etiqueta Qiu Xiaolong. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Qiu Xiaolong. Mostrar todas las entradas
miércoles, 30 de enero de 2013
jueves, 16 de junio de 2011
'Muerte de una heroína roja', de Qiu Xiaolong: un detective literato en una tierra de contrastes
Podría ponerme a echarle flores a la saga del inspector Chen Cao y no terminar nunca, y es que sus novelas son un manjar cargado de contrastes: entre Oriente y Occidente, entre la crudeza de los crímenes presentados y el lirismo de otros pasajes, entre la lucha por el bien común y la defensa del propio individuo... Tantos contrastes, en resumen, como la China contemporánea en la que se ambientan sus historias.
Una China que Qiu Xiaolong retrata desde la distancia, ya que lleva viviendo en EE.UU. desde finales de los 80, pero lo hace sin amargura, y dejando que sea el lector quien saque sus conclusiones sobre el modo de vida, la tradición, la filosofía y el sistema político de su país.
Por su parte, el inspector Chen Cao no es un detective de novela negra al uso. Es solitario e introspectivo, pero no tan atormentado como otros personajes. Tampoco es cínico ni violento, y aunque su trabajo le obligue a lidiar con la realidad más dura de su Shanghai natal, es propenso a soñar despierto y a pensar en términos literarios más que criminológicos.
No en vano, Chen escribe poesía y traduce novelas policiacas en su tiempo libre. La narración está plagada de multitud de fragmentos de textos de poetas clásicos chinos, aportando un toque de distinción y de elegancia a sus novelas, que resultan adictivas y deliciosas al paladar.
Una China que Qiu Xiaolong retrata desde la distancia, ya que lleva viviendo en EE.UU. desde finales de los 80, pero lo hace sin amargura, y dejando que sea el lector quien saque sus conclusiones sobre el modo de vida, la tradición, la filosofía y el sistema político de su país.
Por su parte, el inspector Chen Cao no es un detective de novela negra al uso. Es solitario e introspectivo, pero no tan atormentado como otros personajes. Tampoco es cínico ni violento, y aunque su trabajo le obligue a lidiar con la realidad más dura de su Shanghai natal, es propenso a soñar despierto y a pensar en términos literarios más que criminológicos.
No en vano, Chen escribe poesía y traduce novelas policiacas en su tiempo libre. La narración está plagada de multitud de fragmentos de textos de poetas clásicos chinos, aportando un toque de distinción y de elegancia a sus novelas, que resultan adictivas y deliciosas al paladar.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

