Paul Auster es un autor que cuenta con una enorme admiración y aceptación por parte de los lectores, un éxito que a veces puede colgarle la etiqueta de "sobrevalorado", pero que tampoco eclipsa el evidente talento y la personalidad del escritor de Nueva Jersey.
Una de las obras que lo encumbró al olimpo de las letras es esta 'Trilogía de Nueva York' que hoy nos ocupa, compuesta por tres novelas cortas independientes pero conectadas entre sí, no sólo por ciertos guiños narrativos, sino también por tratar temas y reflexiones comunes.
En la primera de ellas, 'Ciudad de cristal', un escritor de novelas de misterio recibe una llamada (en la que preguntan, nada menos, que por un detective llamado Paul Auster) y termina embarcado en la investigación de un caso en donde la identidad personal y el lenguaje juegan bazas fundamentales. En la segunda, 'Fantasmas', viajamos a los años 40 para conocer a un detective que recibe el encargo de vigilar a una persona e informar de todos sus movimientos. Pero tal vez él no sea el único vigilante. Y en la tercera, 'La habitación cerrada' (para mi gusto la más redonda de las tres) el protagonista sigue la pista de un amigo de la infancia cuyo legado personal y literario queda de repente en sus manos.
