Para que un asesino en serie destaque y llame la atención de investigadores y medios de comunicación (o en nuestro caso, de los lectores), es necesario que se busque un modus operandi llamativo y lo más cruento posible. Una lección que tiene bien aprendida el asesino que acecha en las sombras de esta novela, pues se dedica a dejar pájaros muertos en el vientre de sus víctimas, entre otras lindezas que hace con sus cuerpos antes de darse a la fuga.'La huella del pájaro' es la presentación no solo de este sanguinario criminal sino también la de su némesis, el comisario Nils Trojan, que hará lo posible por conjugar la investigación del caso con sus preocupantes ataques de pánico que lo han llevado a visitar la consulta de una guapa psicóloga, llamada Jana Michels.
Trojan responde así al arquetipo de investigador habitual en la novela negra: inteligente pero atormentado, valeroso pese a sus miedos internos, incapaz de hacer convivir su vida profesional y personal. Pocas sorpresas en ese sentido, por lo que aunque el personaje cae simpático desde las primeras páginas, le falta esa chispa y ese carisma propios de otros investigadores para terminar de quedarse con el corazoncito del lector.